Paco Jémez Entrenador del Rayo Vallecano

Paco Jémez Entrenador del Rayo Vallecano
17/03/2016 Lebrato
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Hoy hablamos con Paco Jémez, entrenador del Rayo Vallecano. Con él, profundizamos en los aspectos de su sistema de juego, con el que ha ganado muchos adeptos y detractores; nos habla de la importancia de las personas de su alrededor, de los que forman su staff técnico; de la necesidad de aprender continuamente en algo tan cambiante como es el fútbol. Jémez es, sin duda, un hombre de balompié, del de su etapa como futbolista, en la que primaba el talento natural.

 

¿Por qué fútbol?

 

Creo que es lo que me ha tocado vivir. Cuando era pequeño no había Play Station, teléfono… no había nada. Tenías un balón y amigos con los que jugar. Desde que tengo uso de razón he vivido el fútbol; he jugado al fútbol en la calle y en el colegio, en los equipos en los que he jugado…

 

Cuando jugaba ya como profesional, ¿se dio cuenta de que llevaba un entrenador dentro o fue con el paso del tiempo?

 

Yo creo que fue con el paso del tiempo… En los últimos años de mi carrera cuando me saqué los títulos y me planteé el hecho de al menos probar y ver si se me podía dar bien.

 

¿Cree que un jugador y un entrenador dejan de aprender en algún momento de su carrera o es una formación constante?

 

No. En el momento que dejas de aprender es cuando empiezas a tener muchas carencias. El fútbol es algo tan dinámico y cambiante que cada día te sorprende y yendo a cualquier campo o viendo a cualquier equipo aprendes y ves cosas nuevas. Creo que ese inconformismo de querer aprender cada vez más es fundamental.

 

Es un defensor de la posesión del balón, pero algunos se empeñan en infravalorar este aspecto del juego, ¿qué opina de ello?

 

Creo que no hay una sola manera de jugar al balón. Se puede jugar de distintas formas para obtener resultados y todas son válidas. Yo decido una y otros, otra. No critico al resto. A mí me gusta la que hago y es con la que me siento contento, con la que me siento satisfecho y es la que intento llevar a cabo, pero entiendo que hay otras maneras de jugar al fútbol que son tan buenas como la que yo hago o más.

 

Claro, pero si su equipo tiene el balón, le da más posibilidad de hacer gol, ¿no?

 

Todo tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Es cierto que los riesgos que nosotros cometemos a la hora de sacar el balón jugado desde atrás son muy grandes… cualquier pérdida te puede suponer un gol, mientras que si jugáramos con un juego más directo, perderíamos posesión, pero el balón estaría más lejos de nuestra portería. Hay que buscar un equilibrio para que las cosas buenas estén por encima de las malas.

 

Precisamente hablaba de riesgos Usted es partidario del quien no arriesga, no gana, pero, ¿ha habido algún partido en el que se haya planteado cambiar ciertos aspectos del sistema de juego o siempre se ha mantenido fiel a sí mismo?

 

En cuanto a ese aspecto: no lo he hecho y no lo pienso cambiar. Entiendo que nunca seré lo suficientemente valiente. A la hora de jugar hay dos tipos de equipos: los que salen a ganar y los que salen a no perder y yo quiero que mi equipo sea de los primeros. No quiero tener la sensación de que mi equipo tenga que defender nada ni de guardarme nada. En los partidos hay que intentar ganar siempre. Es verdad que hay días en los que no se puede ganar, pues esos días intento no perder. Pero la idea es salir a ganar, a jugar bien, a por los tres puntos, independientemente del equipo que tenga enfrente. Esto es algo que, con el paso de los años, he entendido que lo necesito para poder ser entrenador y poder competir.

 

Cruyff dice que en el fútbol no es tan necesario correr, pero sí jugar con el cerebro. Y usted además defiende que hay que hacer pensar al jugador constantemente, ¿qué porcentaje le da a la inteligencia a la hora de jugar y cuál al físico?

 

Hoy en día hay que reconocer que los futbolistas son cada vez más atletas. Una parte muy importante del fútbol se basa en el físico, sobre todo con la intensidad que se juega hoy, que los jugadores son más potentes, más fuertes, más rápidos, son más ágiles, resisten más… es decir, en ese aspecto podemos decir que jugadores que no tengan un buen físico, les costaría bastante trabajo jugar en la élite. Pero sí es cierto que el verdadero talento se ve cuando tienes el balón en los pies. Yo entiendo que un jugador que piensa y, sobre todo, que piensa rápido, es un jugador inteligente y va por delante del resto. Hay jugadores que a lo mejor no tienen ese talento físico, pero sí tienen una rapidez tan grande para pensar que les hace más rápidos que al resto porque ven las cosas antes que los demás. Tener un poco de todo en el equipo es el equilibrio ideal: gente potente y gente que piense mucho y que decida pensando. Es verdad que el jugador hace muchas cosas de manera innata o de manera involuntaria, pero la mayoría de las cosas se han pensado antes.

 

O sea que es importante el equilibrio a la hora de jugar, pero es la inteligencia lo que diferencia a los jugadores de los buenos jugadores.

 

Totalmente. Lo has explicado muy bien [ríe]. La diferencia entre un buen jugador y un gran jugador está en la rapidez mental.

 

Precisamente su sistema de juego se basa en empezar desde atrás jugando con el portero, que es el que mejor visión de juego tiene. ¿Cree que el papel del portero es el más difícil de asumir ya que no es tan recordado en las victorias y sí en las derrotas?

 

Nosotros intentamos que no sea así. Cuando ganamos partidos no le damos el mérito solo a los delanteros y cuando perdemos no solo le echamos la culpa a la defensa, sino que analizamos todo lo que pasa en ataque y en defensa en conjunto. Es verdad que los que peor lo pasan y los que más riesgos corren son nuestra defensa y nuestro portero. Pero también les convencemos, les ayudamos y trabajamos con ellos para que entiendan que ese es el trabajo que tienen que hacer y que lo tienen que intentar hacer bien. Pero es verdad que dentro de nuestro sistema los jugadores más maltratados, entre comillas, son los defensas y el portero.

 

De ahí la importancia de trabajar también el aspecto psicológico, ¿no?

 

Sí, sí. Nosotros somos un equipo que entendemos que no nos puede hacer daño absolutamente nada. El fútbol te depara cosas buenas y cosas malas. Las malas, las sopesamos y sacamos conclusiones, pero no nos hacen daño. Y las buenas, nos refuerzan. Esa es nuestra manera de entender el fútbol.

 

Precisamente un portero que ha pasado momentos difíciles, Víctor Valdés, dice que alcanzó su éxito menospreciando la presión, teniendo cierta actitud de pasotismo ante las citas pero preparándolas en los entrenamientos y pensando siempre en negativo, ¿está de acuerdo o prefiere una visión más positiva?

 

Cada persona conoce su mente y sabe lo que necesita. Está claro que a veces a mucha gente una excesiva presión le juega una mala pasada y da la sensación de que son un poco ‘pasotas’, pero es su manera de ser. Y así es como entienden la competición y así es como llegan mejor a ella. Yo, en ese aspecto, soy muy cuidadoso con lo que cada jugador necesita. Es verdad que a nivel grupal sé más o menos lo que hay que darle a cada uno, pero luego a nivel individual, cada uno entiende su papel y su comportamiento de una manera. A unos les va mejor una cosa y a otros, otra. Realmente el saber lo que necesita cada uno es lo importante para saber dárselo.

 

También afirma que el desorden es la mejor arma para sorprender al rival, ¿cómo inculca esto a tus jugadores?

 

Nuestra idea es que no se puede vivir en un orden constante. Es decir: si tú estás ordenado y yo estoy ordenado, ¿quién gana el partido? Lo que intentamos es desordenarnos para provocar desorden en el contrario, pero a la vez ordenarnos rápidamente. Por ejemplo: en nuestro sistema de juego, la subida de los laterales provoca un desorden táctico. Nosotros lo que intentamos es, con movimientos por detrás, arreglar ese desorden pero a la vez generar un desorden en el equipo contrario. Es decir: lo que hacemos es desordenarnos y ordenarnos continuamente para que parezca que no nos hemos desordenado, pero para que esos desórdenes sí aparezcan en el contrario.

 

No entiendo un partido en el que estés ordenado 90 minutos porque eso es un aburrimiento… nadie se mueve para ningún lado, nadie genera las superioridades y nadie hace daño.

 

Entonces: cuando digo que soy un enamorado del desorden me refiero al desorden que conlleva un orden por atrás. Si te desordenas y no te vuelves a ordenar, eres un equipo vulnerable.

 

Diego Pérez, su analista, me dijo que estar a su lado es un aprendizaje continuo y que trabaja lo mejor posible para facilitarle el trabajo, ¿cree que actualmente el papel del analista es fundamental en una plantilla?

 

Sí, muy importante. De otra forma, nosotros no tendríamos tiempo para llevarlo todo. Hoy en día la figura del analista y, sobre todo, la cantidad de material que tenemos para que nos facilite la vida y nos ahorre muchas horas de trabajo es fundamental. Yo en Diego tengo un apoyo fantástico porque él ya lleva cuatro años trabajando conmigo y ya sabe lo que quiero; las cosas que yo no le doy se las pido y me las saca perfectas, siempre acierta. Ya vamos los dos de la mano. Él sabe lo que yo necesito para poder dárselo a los jugadores cada partido y cuando yo por tiempo no puedo dárselo, él me lo da. Esto conlleva mucho tiempo juntos, conocer las necesidades del entrenador para poder ayudarle en la tarea. Diego nos hace un trabajo en la sombra que nos ahorra muchísimo tiempo.

 

De ahí que los entrenadores siempre hacéis hincapié en que no solo sois vosotros, sino que hay mucha más gente dentro del staff técnico.

 

Sí, está claro. Se habla mucho del ego de los jugadores, pero no te puedes imaginar el ego de los entrenadores… [ríe]. Creemos que todo lo que pasa a nuestro alrededor es porque somos unos fenómenos y alrededor lo único que pasa es que hay mucha gente facilitándonos la tarea. Y eso hay que valorarlo. Siempre hablo de la gente que me rodea, de mi cuadro técnico, del doctor, de los fisios, de los utilleros, del delegado, del analista, del recuperador… de toda la gente que con su trabajo favorece el nuestro. Ellos lo que hacen es que nosotros tengamos el mínimo de preocupaciones posibles para que toda nuestra atención esté focalizada en el equipo y en los partidos. Esto no es un trabajo de uno solo, sino de un equipo. Y nunca mejor dicho. Un equipo que trabaja día a día para que el trabajo los jugadores y el entrenador sea más sencillo.

 

¿Qué tiene mejor sabor un título o un ascenso?

 

Yo creo que depende de cuánto de resultadista seas. Me explico: ganar algo siempre es una alegría inmensa, pero sí es verdad que hay muchos equipos que no pueden ganar cosas, pero esos equipos también tienen satisfacciones: cuando juegan bien, cuando quedan bien clasificados… Hay que entender que no todos los equipos están en situación de poder ganar un título, eso está acotado solo para unos pocos. Entonces: si eres un gran resultadista y solo te fijas en los equipos que ganan cosas, te quedas con muchos equipos fuera. Y son equipos que hacen las cosas muy bien, que juegan muy bien, que compiten muy bien y que cumplen sus objetivos dentro de la temporada. Es verdad que no te van a ganar la Liga, la Champions o la Copa de Rey, pero son equipos que también hacen muy bien las cosas y que también podrían hacerlo en equipos grandes. Hay que diferenciar un poco cuáles son los equipos que tienen potencial para poder ganar y cuáles son otros que tienen potencial para otras cosas.

 

Precisamente el Rayo realiza una continua labor social, ¿cambiaría esa admiración que recibe el club por un título?

 

No, no. Un título siempre lo puedes ganar, pero conseguir lo otro es complicado. Nosotros entendemos que el apoyo y el cariño que la gente nos da cuando saltamos al terreno de juego no basta solo con pagárselo con sacrificio, con resultados, con buen juego… creo que con eso no llega. Por ello hay una relación muy directa entre lo que es Vallecas y lo que es el Rayo Vallecano. Esa labor social que hace el Rayo en su conjunto, que siempre estamos dispuestos a hacer lo que podamos y echar una mano a quien podamos, es un vínculo muy fuerte entre una afición y un equipo que es muy difícil de crear. Entonces: si tú a mí me dices ahora si cambio eso por ganar la Copa del Rey, te diría que no. Y te diría que no porque creo que tiene más mérito, que da más satisfacción que el hecho de ganar un título.

 

Además, no es solo la admiración que despertáis dentro de la propia afición del Rayo, sino también a nivel nacional e incluso internacional.

 

Sí, pero eso son cosas que vienen añadidas. Nosotros hacemos las cosas porque creemos que es lo que tenemos que hacer en ese momento. De verdad que no lo hacemos para que nadie nos lo reconozca ni para levantar la admiración de nadie. Hacemos muchas cosas en el barrio, que seguro que no son todas las que nos gustarían, pero dentro de nuestras posibilidades intentamos ayudar a muchas familias y mucha gente que lo necesita y con eso nos basta. Además, muchas de las cosas que hacemos la gente ni siquiera se entera porque no lo hacemos para salir en los periódicos, no lo hacemos para que digan: “mira los del Rayo qué majos son”, no, lo hacemos porque creemos que es nuestra obligación, porque nos sentimos bien haciéndolo y porque es una manera de recompensar a toda esa gente que viene a animarnos semana tras semana.

 

Seguro que habrá visto a muchos niños que lo están pasando mal ahora en España, pero que sueñan con ser futbolistas, ¿qué les diría?

 

Que no hay nada imposible. Yo vengo de una familia muy humilde… de hecho, agradezco que mis padres hayan sido pobres porque me han dado unos valores y me ha hecho vivir una vida que ahora me vale para lo que me dedico. Lo bueno del fútbol es que iguala a la gente. Es decir: porque tengas mejores botas o mejor balón, no vas a ser mejor jugador. De hecho, los mejores futbolistas que ha dado el fútbol han salido de la calle: gente que ha jugado en barro, en la carretera… Lo bonito que tiene el fútbol es que con un balón, unos cuantos amigos y la calle, puedes aprender y puedes tener ese talento e ir creciendo y llegar a profesional. Yo le digo a la gente que luche por sus sueños, que pelee, que lo intente. Que si al final no lo consigues, te quedes con que lo has intentado al máximo.

 

Muchos de los niños que hoy son pobres y no tienen recursos, si sueñan con eso y lo persiguen y son constantes, pueden llegar a jugar en Primera División. Yo creo que merece la pena.

 

Si tuviera que definir el fútbol de su etapa como futbolista con una palabra y el fútbol actual con otra, ¿cuáles serían?

 

En mi época era más talento, talento natural. Y ahora es más talento modificado, entran otras variantes que antes no se mantenían. El fútbol y el jugador han cambiado mucho. Ahora con el fútbol no llega, hay que publicitarlo, hay que buscar otras cosas que no solo sirvan para jugar sino también para vender. Algo a lo que hay que adaptarse.

 

¿Qué sueño le gustaría cumplir como técnico?

 

Lo que estoy cumpliendo: disfrutar con mi trabajo; no perder nunca la idea que tengo de fútbol, no perderla nunca jamás, sobre todo si algún los resultados no son los que espero… Y si puedo soñar con algo: mejorar en mi carrera profesional. Todos los entrenadores quieren mejorar, quieren estar en mejores sitios, quieren tener opción a ganar títulos y a competir con los mejores. Entiendo que eso es un sueño y que eso dependerá de lo que hacemos día a día, de lo que haga en el Rayo y de lo que haga el día de mañana en el equipo en el que esté.

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